Historia de Obra Social Franciscana

Un legado de confianza, trabajo y comunidad

Historia de Obra Social Franciscana

Un legado de confianza, trabajo y comunidad

La Historia de Obra Social Franciscana

Un legado de confianza, trabajo y comunidad

Después de la Segunda Guerra Mundial, seis franciscanos croatas —el Padre José, el Padre Blaz, el Padre Urbano, el Padre Pascual, el Padre Bonifacio y el Padre Lino— llegaron a la Argentina con un propósito claro: ayudar a su comunidad y sostener a la Provincia Franciscana.

Con humildad y trabajo artesanal, comenzaron a producir miel, dando nacimiento a la Obra Social Franciscana. En sus primeros años, la empresa se sostenía por la confianza de la gente y la convicción de sus fundadores de que el trabajo honesto podía ser una forma de servicio.

Los productos se elaboraban en Pilar y Hurlingham, con procesos naturales y sin etiquetas, destinados a los vecinos y al pueblo que, desde el principio, los eligió por la calidad y la cercanía. El boca a boca fue su mejor carta de presentación.

A lo largo de los años, la empresa creció sin perder su esencia. En la década del 60 consolidaron su presencia, y en los años 70 formalizaron sus procesos bajo el liderazgo del Padre Pascual, siempre manteniendo el trabajo artesanal y la calidad como bandera.

El propóleo se convirtió en su producto estrella, símbolo de un compromiso inalterable con la salud y el bienestar natural. Esa confianza, construida durante más de 60 años, sigue siendo la razón por la que la gente elige a Obra Social Franciscana: la seguridad de encontrar calidad garantizada en cada producto.

Su labor también fue reconocida en momentos históricos, como cuando realizaron donaciones durante la Guerra de Malvinas, reflejando su espíritu solidario y su vínculo genuino con la sociedad.

Ni las crisis —como la difícil etapa económica de 1989— ni los cambios del mercado alteraron su propósito. Siempre fieles a sus valores de confianza, respeto y ética, mantuvieron su camino, apostando al trabajo genuino y a la cercanía con la comunidad.

Hoy, Obra Social Franciscana es mucho más que una empresa:

> Es un referente de confianza y tradición en productos naturales, presente en la vida cotidiana de quienes valoran la calidad y el trabajo genuino.

Una historia viva, que sigue creciendo de la mano de quienes confían en la autenticidad de su esencia.

Después de la Segunda Guerra Mundial, seis franciscanos croatas —el Padre José, el Padre Blaz, el Padre Urbano, el Padre Pascual, el Padre Bonifacio y el Padre Lino— llegaron a la Argentina con un propósito claro: ayudar a su comunidad y sostener a la Provincia Franciscana.

Con humildad y trabajo artesanal, comenzaron a producir miel, dando nacimiento a la Obra Social Franciscana. En sus primeros años, la empresa se sostenía por la confianza de la gente y la convicción de sus fundadores de que el trabajo honesto podía ser una forma de servicio.

Los productos se elaboraban en Pilar y Hurlingham, con procesos naturales y sin etiquetas, destinados a los vecinos y al pueblo que, desde el principio, los eligió por la calidad y la cercanía. El boca a boca fue su mejor carta de presentación.

A lo largo de los años, la empresa creció sin perder su esencia. En la década del 60 consolidaron su presencia, y en los años 70 formalizaron sus procesos bajo el liderazgo del Padre Pascual, siempre manteniendo el trabajo artesanal y la calidad como bandera.

El propóleo se convirtió en su producto estrella, símbolo de un compromiso inalterable con la salud y el bienestar natural. Esa confianza, construida durante más de 60 años, sigue siendo la razón por la que la gente elige a Obra Social Franciscana: la seguridad de encontrar calidad garantizada en cada producto.

Su labor también fue reconocida en momentos históricos, como cuando realizaron donaciones durante la Guerra de Malvinas, reflejando su espíritu solidario y su vínculo genuino con la sociedad.

Ni las crisis —como la difícil etapa económica de 1989— ni los cambios del mercado alteraron su propósito. Siempre fieles a sus valores de confianza, respeto y ética, mantuvieron su camino, apostando al trabajo genuino y a la cercanía con la comunidad.

Hoy, Obra Social Franciscana es mucho más que una empresa:

> Es un referente de confianza y tradición en productos naturales, presente en la vida cotidiana de quienes valoran la calidad y el trabajo genuino.

Una historia viva, que sigue creciendo de la mano de quienes confían en la autenticidad de su esencia.

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